Ep. 1: Detrás de cámara de Maternidad y Arbitraje en México
Por:
Sofía Vargas (entrevistada), Ana Sofía Guerrero (entrevistadora) y Mariah Karla Arreola Alcántara (entrevistadora).
Cuando nos encontramos con el proyecto Maternidad y Arbitraje en México lo primero que pensamos fue: qué valiente y novedoso. Un proyecto que nos hace salir de una zona gris y que también incomoda, porque es darle nombre y exponer datos a algo que muchas veces no se menciona en voz alta.
El arbitraje internacional ha sido percibido como sector sofisticado y moderno. Pero cuando escarbas un poco, descubres que no es tan distinto del resto de los sectores: existe un estancamiento profesional y salarial que viene con la maternidad y las mujeres sin hijos ganan más que sus colegas madres. Y no es que sorprenda, muchas mujeres en este medio lo han vivido en carne propia. Por ser mujer ya es más difícil; ahora, ser madre, ni se diga.
Detrás de ese reporte está Sofía Vargas, mamá, árbitra internacional, abogada de parte, profesora, Vicepresidenta del Comité de Jóvenes Árbitros de la ICC, y una lista de cargos que dice mucho sobre quién es: una profesional preparada y ambiciosa. Sofía no investigó esto desde afuera. Lo investigó porque lo conoce desde adentro. En el reporte menciona que esto surge de sus propios miedos y de la falta de información, pero queríamos saber más.
Un proyecto como este no se hace solo ni es fácil, mucho menos cuando el tema es tan poco explorado. En México prácticamente no existe información sistematizada sobre maternidad en el ámbito del arbitraje, lo que significa que Sofía arrancó casi desde cero.
MXVYAP: Sofía, gracias por abrirnos las puertas de este proyecto. Hay mucho que queremos preguntarte, no sobre los datos, sino sobre ti. Empecemos por el principio.
“¿De dónde surge la idea de este proyecto? ¿Qué te hizo querer investigar esto?”
Sofía: El proyecto surge de una experiencia muy personal.
Cuando me enteré de que estaba embarazada, pensé que mi carrera se había terminado. Así, tal cual.
Después de haber pensado eso, me aboqué a buscar a mujeres que fueran mamás y que al mismo tiempo hubieran logrado seguir desarrollando una carrera exitosa. Las encontré. Eso me tranquilizó, pero no fue suficiente, porque sabía que habían logrado ambas cosas, pero no sabía cómo ni en qué condiciones.
Encontrarlas me demostró en parte que sí era posible; sin embargo, detrás de esa “certeza” seguían existiendo muchas preguntas:
¿Cómo trabajaron durante el embarazo? ¿Qué hicieron cuando nació su bebé? ¿Cuánto tiempo dejaron de trabajar? ¿Cómo regresaron? ¿Tenían ayuda? ¿Sus despachos las apoyaron? ¿Tuvieron que sacrificar oportunidades? ¿Les cambió la carrera? ¿Sacrificaron festivales o fechas importantes de sus hijos?
Cuando me di cuenta de que tenía poca información para responder esas preguntas regresó el sentimiento de incertidumbre. Y, acompañado de la incertidumbre, regresó el miedo. Lo que pensé fue que no quería estar en esa situación ni tener esos sentimientos que no eran compatibles con la felicidad de saber que iba a ser mamá. Esos sentimientos solo aumentaban las inseguridades que conlleva la transformación radical de convertirte en padre/madre.
Mi propósito fue que, si lograba continuar, ninguna colega tuviera debería pasar por la misma situación (si podía ahorrarle una situación desconocida que abonara al cóctel de sentimientos que implica ese cambio de vida, lo iba a hacer).
Para lograrlo, entendí que las mujeres y hombres debían contar con información suficiente antes, durante y después de la maternidad, para que cada mujer pudiera tomar las mejores decisiones de acuerdo con su propia vida, sus prioridades y la manera en que quisiera ejercer su profesión.
Después pensé en mi hija. Ella tiene dos papás abogados. No sé qué va a querer dedicarse cuando crezca y espero que haga absolutamente lo que quiera; aquello con lo que se sienta plena y feliz. A pesar de lo que espero, tampoco soy ciega a la posibilidad de que ante el ejemplo en casa algún día quiera ser abogada. Me daba muchísimo miedo pensar que pudiera estudiar esta carrera, enamorarse de ella, prepararse muchísimo, tener grandes aspiraciones y que, veinte o treinta años después, si decidiera ser mamá, se hiciera exactamente las mismas preguntas que yo.
Ahí pensé: si ya estoy viendo cosas que pueden mejorar, ¿voy a esperar a que mi hija llegue a esta etapa para preguntarme por qué todo sigue igual? ¿O voy a esperar a que una colega se acerque ante la desesperación de creer que su carrera se terminó por tomar el camino más natural que existe desde el inicio de los tiempos; ser mamá?
No es que buscara tener todas las respuestas posibles a todas las preguntas que cada persona pudiera tener, pero sí podía investigar, preguntar, escuchar y poner la mayor cantidad de información en un mismo lugar, y, sobre todo, hacer algo. Ahí nació realmente Maternidad y Arbitraje en México: en una idea detrás del miedo a los 5 meses de embarazo y con diversos envíos de invitaciones a colaborar a los 6 meses de embarazo.
MXYAP: Hay datos que uno lee, procesa y deja pronto en el olvido. Pero hay datos que uno lee y se los lleva a casa, especialmente aquellos que revelan algo que no creíamos o de lo que no teníamos noción que pudieran existir. Lo que nos detuvo fue esto: el reporte señala que el 60% de los despachos entrevistados otorga más días de paternidad que los establecidos por ley, pero el 67% no hace lo mismo con la licencia de maternidad. Más generosos con los padres que con las madres.
“¿Cuál fue el obstáculo más grande que enfrentaste en el camino, algo que en algún momento te hizo pensar que esto no iba a salir?”
Sofía: Existieron varios.
Uno de los primeros fue la falta de voluntad para participar. Aunque debería de ser un tema que se hable de manera común, porque es algo natural e inherente al ser humano, descubrí que sigue siendo un tema tabú. Existieron despachos que no quisieron hacer sus políticas internas públicas y mujeres que no se sintieron cómodas respondiendo las preguntas con libertad, por considerar que hacerlo podía representar un riesgo para su carrera profesional.
Dicha situación me generó un sentimiento agridulce.
Lo agrio vino por tres motivos. En primer lugar, porque me percaté que hay despachos que promueven públicamente ideales de diversidad, pero que en la práctica no aplican lo que dicen promover. En segundo lugar, porque al optar por el silencio por considerar un riesgo hablar sobre su maternidad, algunas colegas reforzaron en mí el miedo de que la maternidad sí es algo de lo que hay que temer hablar en el mundo profesional (lejos de juzgar porque admiro que hayan tomado la mejor decisión para ellas, creo que también expusieron una situación muy relevante para el trabajo de investigación).
Es decir, estás haciendo un estudio para saber si existen problemas alrededor de la maternidad y el desarrollo profesional y, durante la propia investigación, descubres que hay mujeres que sienten que hablar abiertamente de lo que han vivido puede tener consecuencias profesionales. Eso no aparece en ninguna gráfica, pero quizá sea el hallazgo que mejor revela la dimensión del problema.
El tercer sentimiento agrio se los platicaré después de endulzar un poco la conversación.
Lo dulce vino por miles de motivos, pero uno que me encantó fue la creación de nuevas políticas de maternidad y paternidad. Al contactar a algunos colegas e invitarlos a participar, fueron muy sinceros al decirme que les encantaría participar pero que en donde laboraban no contaban con políticas y que además no habían tenido una situación así por lo que no había ningún estándar que seguir. Y yo les contestaba: “no importa. Créenlas”. A raíz de la invitación a participar, se sentaron a pensar en estos temas, crearon nuevas políticas y después decidieron compartirlas para el reporte.
Para mí eso fue increíble porque el reporte todavía no salía y ya había generado un cambio. Eso me enorgullece porque habla de la calidad humana de los que están dirigiendo los nuevos despachos y, también, demuestra que sí se puede generar un cambio a través de una iniciativa que pudiera parecer pequeña.
¿Cuántas cosas podrían cambiar para nosotros y para quienes vienen detrás si nos atreviéramos a hablar de esos temas que todavía parecen incómodos, pero cuya discusión es necesaria?
Después de todo el trabajo vino el tercer sentimiento agrio. Un obstáculo mucho más personal: me dio miedo publicar este proyecto con mi nombre.
No es un tema fácil. Sabía que algunas cosas que estaba diciendo podían generar cierta resistencia y, particularmente, que algunos despachos podían sentirse incómodos frente a determinadas preguntas o comparaciones. Y evidentemente yo también estoy construyendo una carrera dentro de este medio.
También entendí ese miedo desde la postura de las mujeres que participaron. Estamos hablando de cosas muy personales: de lo más personal de sus vidas y de cómo eligieron desarrollar su profesión.
Viendo toda la valentía de mis colegas que participaron y los despachos que hicieron transparentes sus cuestiones internas, era imposible para mí no ser valiente también. Eso que empezó como un miedo personal ya era mucho más grande que una experiencia individual, ya era una obra colectiva que había tomado esfuerzo, decisiones y mucha valentía de distintas personas. Así fue como mis colegas me inspiraron a ser valiente para poder concluir un proyecto que serviría como beneficio para muchas.
MXVYAP: Lo que hace especial a este proyecto no es solo que nombra y expone una realidad que muchas conocemos, sino que propone. Y eso no es menor: en un tema poco explorado también escasean las soluciones, y llegar con recomendaciones concretas dice mucho sobre la intención detrás del reporte.
“¿Qué fue lo que más te sorprendió en tu investigación y por qué?”
Sofía: En primer lugar, descubrir que las políticas de maternidad también son una decisión de negocios.
Creo que cuando hablamos de políticas de maternidad tendemos a limitar la conversación a cuestiones morales, de ética, igualdad o cumplimiento normativo. Y, por supuesto, todo eso es importantísimo pues considero que, en un mundo de tanta competencia, tanta información y profesionistas dedicados, un gran diferenciador son los valores de una empresa y los valores de las personas que colaboran en una institución. Pero conforme fui investigando, descubrí que hay otra dimensión de la que hablamos mucho menos: es un tema de negocios y de inversión.
Tener buenas políticas de maternidad, paternidad y cuidados puede generar un retorno económico para las empresas. Y creo que es un impacto que los despachos no siempre toman suficientemente en cuenta.
Por ejemplo, encontré estudios que estiman que reemplazar a un empleado puede costar alrededor de dos veces su salario, mientras que otras estimaciones colocan los costos de rotación entre el 90% y el 200% de su salario anual. Porque cuando una persona se va, no pierdes solamente a un empleado: pierdes capacitación, productividad, conocimiento institucional, relaciones y toda la inversión que ya realizaste en desarrollar ese talento.
Del otro lado, los números son todavía más interesantes. Otro análisis que incluí en el reporte encontró retornos de inversión de hasta 425% en beneficios de cuidado infantil. También encontró un 90% de probabilidades de permanencia con el empleador entre quienes reciben estos beneficios y un impacto positivo en la carrera del 78% de las mamás y papás beneficiados.
Esto me transmitió que tal vez tenemos que cambiar la pregunta. En lugar de preguntarnos únicamente “¿cuánto cuesta implementar una buena política?”, también deberíamos preguntarnos: “¿cuánto cuesta no tenerla?”.
Otra cosa que me sorprendió muchísimo ocurrió después de publicar el “sneak peek” del proyecto: su impacto.
Empezaron a escribirme mujeres que yo no conocía, incluso desde distintas partes del mundo, para contarme sus experiencias, ofrecerse a colaborar y decirme algo que para mí fue muy fuerte: que leer el proyecto las había hecho sentir que no estaban solas.
Eso me impresionó muchísimo porque yo empecé este proyecto precisamente sintiéndome sola frente a muchas de estas preguntas. Que después una mujer a la que nunca había conocido me escribiera para decirme que el proyecto había conseguido que ella se sintiera menos sola fue algo que nunca imaginé cuando empecé.
De igual manera, a raíz de esa publicación, me di cuenta de que no estaba considerando a mujeres que no eran mamás todavía y que se cuestionaban si era posible hacer ser madre y seguir desarrollando su carrera.
Lo anterior fue aún más impresionante pues indica que estas preguntas, estos miedos, rigen cómo las mujeres tomamos decisiones desde el inicio de nuestra vida profesional (o incluso antes). Tomamos decisiones anticipándonos a pensar qué sueño vamos a sacrificar y el costo del mismo. A raíz de eso, tuve que modificar un documento que prácticamente ya estaba terminado para agregar una nueva sección a semanas del lanzamiento. Fue una locura en términos de tiempos y edición, pero no podía publicar el reporte sabiendo que había descubierto una parte tan importante del problema y dejarla fuera.
MXVYAP: Este reporte da para material de tesis: es profundo y riguroso. Pero creemos que hay cosas que el texto no puede capturar del todo.
“¿Qué huella quieres dejar con este reporte? ¿Qué quisieras que hagan los despachos que lo leen, tanto los que participaron como los que no?”
Sofía: Mi meta desde que empecé esto ha sido crear conciencia, pero también creo que después de hacer la investigación mi objetivo se volvió mucho más concreto.
Me gustaría que dejáramos de pensar en las políticas de maternidad únicamente como un tema de cumplimiento normativo o como una concesión que hace un despacho a sus profesionistas. Que se entienda que nadie está buscando privilegios por ser mamá. Lo único que se busca son condiciones razonables que se ajusten a la realidad de cada persona.
Además, quisiera que se empiece a hablar más de los beneficios para los despachos pues normalmente se manejan situaciones a través de la culpa cuando, en realidad, hay más beneficios para el despacho al ajustarse a las necesidades de sus profesionistas.
Como lo mencioné en el reporte, la penalidad por maternidad es una política lose-lose: pierde la mujer en todo escenario; aquella que quiere desarrollar su carrera y pierde el despacho que ya invirtió en desarrollar ese talento. Por el contrario, buenas políticas pueden mejorar la retención, reducir costos, atraer talento y tener un retorno económico. El reporte incluso recoge evidencia de que los equipos con mayor equilibrio de género pueden generar hasta un 10% más de ingresos por cliente y que las organizaciones en el cuartil superior de diversidad de género presentan un 15% más de probabilidades de alcanzar resultados financieros superiores al promedio. Con esto en mente, ¿por qué sigue existiendo resistencia a un esquema de win-win?
Entonces, invito a que los despachos lean el reporte y se hagan preguntas muy concretas: ¿Tenemos políticas claras? ¿Nuestros profesionistas saben cuáles son? ¿Se cumplen? ¿La flexibilidad existe como política o depende de la persona con la que trabajas? ¿Qué pasa después del maternity leave? ¿Estamos perdiendo talento por cuestiones que sí podríamos cambiar?
Y también quisiera que vean qué están haciendo los demás. Que con la misma agresividad con la que buscan las mejores maneras de atraer clientes y asuntos, también busquen maneras de crear entornos más inclusivos para sus colaboradores. Finalmente, eso también ayudará a retener a los clientes que consiguieron a toda costa.
Porque tampoco tenemos que inventar todo desde cero. Ese fue precisamente uno de los valores que quise darle al reporte: poner muchas prácticas sobre la mesa para que podamos aprender unos de otros.
Al final, mi aspiración más personal sigue siendo la misma que está en mi dedicatoria: que mi hija, las hijas y las nietas de mis colegas encuentren un mundo laboral más justo que el que encontramos nosotras. Que cada vez exista un entorno profesional más coherente, donde existan practicantes muy sensatos e inteligentes que usen esa inteligencia para analizar las situaciones humanas y, en consecuencia, dirigir mejores equipos.
“¿Hubo algo que quedó fuera, una historia, un dato, una experiencia individual o colectiva que aunque leyéramos el reporte nunca podríamos saber si no es por esta conversación?”
Sofía: Sí. Mi insistencia al final ya me daba pena. Hablaba y hablaba a profesionistas, despachos, instituciones e insistía hasta la vergüenza para recabar la información.
Hubo otros momentos en los que creí que económicamente no me daba para patrocinar el proyecto, pero no quería sponsors (patrocinadores) por miedo a que esto implicara imponer condiciones que afectaran la transparencia. Finalmente, lo logré. Logré pagar el diseño de un proyecto que era especial y que consideré un pequeño regalo para cada practicante de arbitraje.
Otra experiencia individual fue que terminé donde empecé: con miedo. Aunque ya había decidido que tenía que publicar el proyecto por todo lo que implicaba, llegó nuevamente el miedo de que mi carrera se hubiera terminado, nuevamente. Pensé que esa transparencia y opiniones iban a dejarme mal parada frente a muchos despachos y colegas (e incluso a afectar mi carrera profesional).
No obstante, lo que sucedió fue que terminé encontrándome con una comunidad enorme de mujeres dispuestas a ayudar. Mujeres que participaron en las entrevistas, mujeres que compartieron información de sus despachos, mujeres que difundieron el reporte y mujeres que yo nunca había conocido y me escribieron desde otros lugares para contarme sus historias o decirme que querían participar en lo que siguiera y hombres que también quieren tener mejores políticas para estar más presentes en la vida de sus hijos.
Y creo que esa es una de las cosas más bonitas que me llevo. Todas tenemos historias distintas, trabajamos en lugares distintos y hemos tomado decisiones distintas, pero los testimonios me demostraron que muchas de las preguntas, miedos y obstáculos son compartidas. Si la vivencia es colectiva, considero que también podemos buscar colectivamente como mejorarla.
Mis propias colegas me han inspirado muchísimo a seguir haciendo este proyecto mejor y a pensar en qué más podemos hacer para generar cambios que nos beneficien a todas.
Esta entrevista es precisamente un ejemplo de eso. Por eso agradezco muchísimo a Ana Sofía Guerrero y Karla Arreola por generar este espacio, por querer continuar la conversación y por invitarme a participar.
Las secciones que se fueron agregando por ideas que fueron surgiendo y por las aportaciones de mis colegas, hicieron que el proyecto se fuera perfeccionando, siendo cada vez mejor. Esto demostró uno de los análisis que cité en el proyecto: la diversidad siempre mejora los resultados.
Si algo quisiera que saliera de todo esto, es que sí podemos hacer las cosas mejor. Siempre. Y que conjuntamente podemos hacer las cosas no solo mejores sino casi perfectas.
Y creo que eso resume la larga vivencia y el sube y baja de emociones que tuve con este proyecto.
Desde MXVYAP creemos que democratizar el acceso al arbitraje no es solo abrir puertas de entrada, sino también asegurarse de que las condiciones dentro sean justas para todos y todas. Proyectos como el de Sofía nos recuerdan que todavía hay mucho por hacer. Y que vale la pena nombrarlo. Si aún no han leído el reporte, los invitamos a hacerlo: